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«El armario del disco I»
Alaska y Dinarama – Deseo carnal – 1984

GRUPO: Alaska y Dinarama
TÍTULO DEL ÁLBUM: Deseo carnal
AÑO: 1984

El armario del disco I: Deseo carnal de Alaska y Dinarama

Esta es la primera entrega  de algo que hemos venido a llamar “El armario del disco”. La idea es asomarnos al vestidor oculto de los álbumes que amamos, cómo se vestían sus protagonistas, qué contaban sus peinados, chaquetas y pintas, y de qué manera una cazadora, un corsé o unas zapatillas corrientes ayudaron a convertir un puñado de canciones en iconos. Porque algunos discos no solo nos marcaron los oídos, también nos llenaron el armario… y aquí venimos a revisar esas perchas con cariño y haciendo un poco de memoria.

Y es que hay discos que se escuchan y discos que, además, se miran. Deseo carnal, pertenece a esa segunda categoría. Antes de que suene la primera nota, su armario ya ha dictado sentencia. Si el pop español tuviera una pasarela oficial, este álbum sería una de sus colecciones estrella.

La cubierta de Deseo carnal no es solo una foto: es una declaración de intenciones. Negros profundos, desnudez, provocación, letras en rojo y miradas entre dramáticas y peligrosas.

El mensaje es claro: aquí no se viene a vestir “normal”. Se viene a disfrazarse de uno mismo, pero pasado por el filtro de Berlanga y Nacho Canut, al que seguimos esperando para su entrevista.

El armario de Deseo carnal se construye sobre tres pilares: cuero, encaje y provocación. Todo tiene algo de fetiche y de procesión a la vez: anilloss, corsés, hombreras imposibles, medias de rejilla, botas que suben hasta el infinito.

Nada está ahí por casualidad. El cuero se mezcla con encajes barrocos, como si alguien hubiera decidido cruzar un after punk con la imaginería de Semana Santa. Alaska, que aparece sin ropa, también puede vestir como la virgen gótica definitiva: encuadrada en negro, joyas brillando y una pose que es mitad diva de cine mudo, mitad superheroína de cómic.

Si hablamos de Deseo carnal y no mencionamos el maquillaje, nos detienen en la frontera de la Movida. Sombras de ojos imposibles, labios oscuros, cejas dibujadas con tiralíneas…

El rostro es casi una máscara teatral, pero no para esconderse sino para amplificar el personaje. En una España que aún olía a transición recién estrenada, ese maquillaje gritaba: “lo raro, lo distinto y lo exagerado somos nosotros… y estamos en la tele en horario de máxima audiencia”.

Los videoclips y apariciones en TV de esta época son básicamente un desfile continuo de ese armario mutante. Vestidos negros que parecen diseñados por un modisto con exceso de películas de terror italiano y trajes masculinos que juegan con el género: chicos maquillados, camisas abiertas, corbatas aflojadas, blazers brillantes.

Cuando en programas de televisión aparecían Alaska y Dinarama, parecía que alguien había cambiado de canal sin avisar. Mientras los demás iban con ropa “de persona normal”, ellos venían de otro planeta.

Las letras del disco hablan de obsesiones, libertad, amores torcidos, deseo y culpa. El vestuario hace lo mismo, pero sin decir una palabra. Los crucifijos, velos y referencias religiosas en sus actuaciones subrayan la culpa y el pecado. Y la desnudez, el cuero y los anillos hablan de deseo, control y peligro. La teatralidad general remata la jugada: nada es discreto, nada es neutro.

Escuchas el disco con los ojos cerrados y casi puedes ver los outfits. Lo vuelves a poner con el libreto en la mano y entiendes que todo forma parte del mismo universo: las canciones visten como el grupo, y el grupo viste como las canciones.

¿Y qué quedó de aquello en nuestros armarios?. Pues en nuestra opinión, cuarenta años después, el armario de Deseo carnal sigue vivo en cada chaval que se pinta los ojos de negro para tocar un martes en un pequeño garito de Madrid, en cada drag que rescata un look de Alaska para un playback o en cada estilismo gótico-pop que no sabe que, en el fondo, está bebiendo de este disco.

Es evidente que la idea central de aquello sigue vigente: la ropa también es parte del relato.

En Deseo carnal, la moda no es un adorno: es una guitarra más. Y su armario, uno de los más influyentes que ha dado el pop español.

Como curiosidad, la portada fue censurada en Venezuela y tuvo que cambiarse por otra más abstracta que no mostraba desnudez explícita.

Portada de Deseo Carnal en Venezuela
Contraportada de Deseo Carnal en Venezuela

 

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