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“La levadura del rock”
Extremoduro – Agila – 1996

GRUPO: Extremoduro
TITULO: Agila
AÑO: 1996

“La levadura del rock”

En ocasiones, lo que cambia una escena no es lo más grande, sino lo que trabaja por dentro. La levadura no hace ruido, no ocupa espacio, no presume de identidad, solo se mezcla y desaparece. Y, sin embargo, transforma toda la masa. Algo así hizo Robe con Extremoduro un 23 de febrero hace 30 años.

Cuando el heavy español parecía condenado a repetir fórmulas, llegó un grupo que no buscaba agradar. En 1996 publicaron Agila («espabila» en castúo), un disco que terminó de cambiar el sabor de todo lo que tocaba. No fue un fenómeno instantáneo ni un golpe de marketing. Fue un proceso lento, paciente, casi doméstico. Como la fermentación. Se diluye, pero es ella la que da vida al pan.

Extremoduro empezó así. Marginal, incómodo y demasiado crudo para la radio amable. Sin embargo, canción a canción, directo a directo, fue infiltrando otra forma de entender el rock más literaria, más visceral, más honesta. Robe propuso unas canciones que se meten bajo la piel y cuando te das cuenta, ya han cambiado tu manera de escuchar.

La levadura necesita tiempo, no se puede acelerar el proceso sin arruinar el pan. Extremoduro tampoco explotó de un día para otro. Venían de discos como Deltoya, donde ya se intuía la mezcla improbable de poesía y distorsión, pero fue con Agila cuando la transformación fue evidente bajo la producción de Iñaki «Uoho» Antón. El rock duro podía ser culto sin perder colmillo, podía ser sucio y, al mismo tiempo, profundamente humano apoyado en una mayor complejidad de instrumentos y sonidos.

La historia del heavy español está llena de bandas que gritaron fuerte. Extremoduro eligió otra vía, mezclarse con la cultura popular hasta hacerse inseparables de ella. Como la levadura en la masa, dejaron de distinguirse como “rareza” y pasaron a ser parte del sabor general del rock en castellano.

Solo quien espera, quien confía en el proceso, percibe el cambio. Algo parecido ocurre con los discos que realmente importan: no siempre dominan las listas, pero alteran el ADN de una generación.

Extremoduro no fue la levadura porque predicara nada, sino porque renunció a preservarse intacto. Se mezcló con las heridas, con los barrios, con los excesos y las contradicciones. Y en ese acto de diluirse terminó fermentando una escena entera.

Quizá por eso, casi treinta años después, Agila sigue vivo. No como un monumento, sino como pan recién hecho. El heavy, cuando es auténtico, no es ruido por el ruido. Es transformación lenta. Es proceso. Es levadura.

Y cuando la masa ya ha crecido y el pan está hecho, uno entiende que hubo alguien que se atrevió a mezclarlo todo sin miedo. Y por eso, pase el tiempo que pase, siempre recordaremos a Robe.

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Extremoduro – Agila – 1996

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