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Música e historias de vinilos

«Mi vecina divina»
Un pingüino en mi ascensor – Un pingüino en mi ascensor – 1987

GRUPO: Un pingüino en mi ascensor
TÍTULO DEL ÁLBUM: Un pingüino en mi ascensor
AÑO: 1987
DISEÑO: Yang & Ginés

Pandemias, mascarillas, lapiceros, elecciones, políticos, mejillones, botellones, contagios, bomberos, jóvenes, economía. No aguanto más. Regreso al salón, me asomo por la ventana y compruebo que la luz de su casa continúa apagada. Mi divina vecina parece retrasarse una vez más, lo suyo es poco tacto con los mortales. Necesito descansar un rato.

Lo compruebo, para mi desgracia continúa vacía la petaca de pacharán. Conecto el tocadiscos y coloco a ciegas un disco de la sección de pop electrónico, la fortuna tiene que ayudarme en unos momentos tan difíciles. Utilizando la misma técnica selecciono cualquier libro y me dejo caer sobre el sofá.

Suenan algunas rimas entonadas por esa voz nasal acompañadas por un… ¿piano?:

Mi nueva perversión
La causa de mi desvelo
Mi vicio inconfesable
La conducta más reprobable

No sé lo que me pasa últimamente
No dejo de espiar a mi vecina de enfrente…

Abro el libro “aleatoriamente” por la página 69:

    16.00 Tendido en la cama y con la vista clavada en el techo, del que cuelgan varias arañas grandes como melones, pienso en mi vecina. Por más que me devano los sesos (que no tengo), no doy con la forma idónea de abordarla. Llamar a su puerta e invitarla a cenar no me parece prudente ni oportuno. Tal vez la invitación debería ir precedida de un obsequio. En ningún caso debo enviarle dinero, pero, si a pesar de todo decidiera enviárselo, mejor en billetes de banco que en monedas. Las joyas presuponen una relación más formal. Un perfume es un regalo delicado, pero muy personal; se corre el riesgo de no acertar el gusto de la persona a la que se desea obsequiar. Laxantes, emulsivos, apósitos, vermicidas, antirreumáticos y demás productos farmacéuticos, excluidos. Es muy probable que le gusten las flores y los animales domésticos. Podría enviarle una rosa y dos docenas de dóberman.

    17.20 Me asalta el temor de que mi vecina tome cualquier regalo procedente de mí como un atrevimiento. Intento exterminar las arañas con Cucal.

    17.45 Necesito ropa. Salgo a la calle. Me compro unas bermudas. Me darían un aspecto desenfadado si no salieran por debajo las perneras de los calzoncillos de felpa, pero la verdad es que no puedo prescindir de ellos, pues, aunque el clima es casi veraniego (y con tendencia a un ligero aumento de las temperaturas), mi metabolismo se adapta mal al cuerpo humano. Tengo siempre los pies helados, al igual que las pantorrillas y los muslos; las rodillas, en cambio, me bullen, y lo mismo me sucede con uno de los glúteos (con el otro, no); y así sucesivamente. Lo peor es la cabeza, quizá debido a su intensa actividad intelectual a que la someto de continuo. Su temperatura sobrepasa a veces los 150 grados centígrados. Para paliar este calor llevo siempre un sombrero de copa, cuyo interior voy rellenando con cubitos de hielo que compro en las gasolineras, pero el remedio, por desgracia, es pasajero. Enseguida el hielo se licúa, el agua hierve y la chistera sale despedida con tal potencia que las primeras que tuve aún siguen en el aire (ahora he mejorado el sistema sujetando el ala de la chistera al cuello de la camisa con una goma resistente). También me he comprado tres camisas de manga corta (azul cobalto, amarilla, granate), unos mocasines de ante para llevar sin calcetines y un traje de baño floreado con el que me han asegurado que me haré el amo de todas las piscinas. Que Dios les oiga.

    19.00 De vuelta a casa, me quedo pensando frente a la televisión. Urdo un plan para trabar contacto con mi vecina sin despertar sus sospechas respecto de mis intenciones. Ensayo frente al espejo.

    20.30 Voy a casa de mi vecina, llamo quedamente a su puerta con los nudillos, me abre mi vecina en persona. Me disculpo por importunarla a estas horas y le digo (pero es mentira) que a medio cocinar me he dado cuenta de que no tengo ni un grano de arroz. ¿Tendría ella la amabilidad de prestarme una tacita de arroz, añado, que le devolveré sin falta mañana por la mañana, tan pronto abran Mercabarna (a las 5 de la mañana)? No faltaría más. Me da la tacita de arroz y me dice que no hace falta que le devuelva el arroz, ni mañana, ni nunca, que para estas emergencias están los vecinos. Le doy las gracias. Nos despedimos. Cierra la puerta. Subo corriendo a casa y tiro el arroz a la basura. El plan está funcionando mejor de lo que yo mismo había previsto.

    20.35 Vuelvo a llamar a la puerta de mi vecina. Me abre ella personalmente. Le pido dos cucharadas de aceite.

    20.39 Vuelvo a llamar a la puerta de mi vecina. Me abre ella personalmente. Le pido una cabeza de ajos.

    20.42 Vuelvo a llamar a la puerta de mi vecina. Me abre ella personalmente. Le pido cuatro tomates pelados, sin pepitas.

    20.44 Vuelvo a llamar a la puerta de mi vecina. Me abre ella personalmente. Le pido sal, pimienta, perejil, azafrán.

    20.46 Vuelvo a llamar a la puerta de mi vecina. Me abre ella personalmente. Le pido doscientos gramos de alcachofas (ya hervidas), guisantes, judías tiernas.

    20.47 Vuelvo a llamar a la puerta de mi vecina. Me abre ella personalmente. Le pido medio kilo de gambas peladas, cien gramos de rape, doscientos gramos de almejas vivas. Me da dos mil pelas y me dice que me vaya a cenar al restaurante y que la deje en paz.

    21.00 Tan deprimido que ni siquiera tengo ganas de comerme los doce kilos de churros que me he hecho traer por un mensajero. Sal de fruta Eno, pijama y dientes. Antes de acostarme entono las letanías a voz en cuello. Todavía sin noticias de Gurb.

Tributo a Eduardo Mendoza mientras suena un Pingüino en mi ascensor.

4 thoughts on “«Mi vecina divina»
Un pingüino en mi ascensor – Un pingüino en mi ascensor – 1987

  1. El disco genial, el autor excelente, el libro elegido con el que más me he reído en mi vida. Su paseo por Barcelona es memorable, cayéndose en todas las zanjas de obras de los diferentes servicios y terminando con la cabeza en la mano yendo a una fuente. Reconocible el libro desde la frase 1. ?????

  2. Pingüino y Mendoza, locura total. Muy divertida la crónica y muy buena fusión para reírte un rato al comenzar el día. Homenaje también muy bueno a esas vecinas a las que abría que hacer un descuento en la cuota comunitaria.
    Felicidades por el trabajo VinylRoute.

  3. Me encantan los desvaríos de este hombre, un crack total. Mil gracias por las risas, mis compañeros de trabajo me miran raro, pero ha merecido la pena.

  4. El vinilo me encanta, me da mucha marcha y eso es salud!!!
    La crónica super divertida, aunque he de confesar que no me he leído el libro, pero después de este adelanto no me va a quedar más remedio que hacerlo!!

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