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Música e historias de vinilos

«La corresponsal universitaria»
Loquillo y trogloditas – Feo, fuerte y formal – 2001

GRUPO: Loquillo y trogloditas
TÍTULO DEL ÁLBUM: Feo, fuerte y formal
AÑO: 2001
FOTOGRAFÍA: Daniel Riera

Si se elige escuchar el tema desde el disco Feo, fuerte y formal empieza directamente la batería y la guitarra eléctrica. En cambio, si se reproduce la canción desde la recopilación Rock and Roll Star – 30 años, los primeros segundos son verdaderamente envolventes. Aplausos y silbidos suenan de forma clara para dar paso a la voz en directo de José María Sanz Beltrán, más conocido como Loquillo, que declara: “Hubo un tiempo conocido como la edad de oro”. Así empieza la canción que más de cerca me ha tocado. Que me acompaña día a día y que, por encima de todo, me recuerda a la figura que me crió como la mujer que soy hoy.

El tema es oro -como la época que describe el Loco en sus versos-. A la guitarra está Jaime Stinus y junto con la voz del catalán, siento que me susurra al oído con delicadeza, retratándome con acordes unos días donde todo era fácil. A Loquillo le disfruté en concierto hace unos años, en el festival de música indie Sonorama Ribera, que se celebra en agosto en la tierra que me vio nacer, Aranda de Duero. Presencia y actitud. Eso es él en el escenario. Con sus casi dos metros de altura, hizo vibrar Aranda con un rock apasionado y personal. Era pura energía y, cuando comenzó el tema que protagoniza mi escrito, me invadió un sentimiento de confianza, de familiaridad. Grité cada palabra de la canción, subida a los hombros de mi amigo Marcos, mientras veía a un hombre vestido de negro que se ajustaba el pie de micro para subirlo hasta la altura de su boca. Deseé que mi padre librara en el trabajo aquella noche, y decirle que esta canción es mi favorita del Loco. Deseé contarle lo que escribo a continuación.

La edad de oro me recuerda a mi padre, intentando llegar a los graves mientras conduce una Ssanyong Rodius gris. Se pone el sol, pero olvida ponerse sus gafas de sol Rayban estilo aviador. Me dice que el mejor Loquillo era el de antes, el de La mataré y El rompeolas. Cuando cantaba con los Trogloditas. Sonrío y asiento. Tiene razón. Bajamos las ventanillas, nos da el aire y, viendo los campos que inspiraron a Machado de camino a mi pueblo, me siento libre. Disfruto especialmente de la frase final donde canta “Los amantes que no se entregan se abandonan”. La repite tres veces y media. En la última ocasión se para a la mitad y la canción se pierde en un cierre instrumental. En ese momento entiendo que, sin pasión, no hay nada. No hay conexión, no hay recuerdo. Ni recompensa, ni placer. La vida es entrega y los amantes, aquellos que quieren hasta el final y bajo cualquier circunstancia, son los que se la ganan. Mi padre es dedicación y sacrificio, a la vez que elegancia y lealtad. Mi padre es la canción entera de La edad de oro, pero sobre todo el final. Constantemente me dice que soy su referente, pero siempre será al revés. Ojalá llegue algún día a gozar de la mitad de buen gusto, franqueza y valor que él. Él se entrega, tal y como dicta a Loquillo. Pero se entrega de verdad, hasta el fondo y con afán en todo lo que hace y dice.

Pensé en tatuarme esta canción. Pensé en aprender a tocarla. También quise ponérmela de tono de llamada. Eso es lo que me gusta del tema. La edad de oro me hace soñar e imaginar que podría hacer con ella o quién podría ser. Pero lo que me apasiona de los cuatro minutos y veintidós segundos (o cinco, según la versión que se escoja) es que siento y veo a mi padre de pies a cabeza. Hace poco fue su cumpleaños y no pude estar con él. Todo lo que sé de música -y de pasión en la vida- es gracias a él. Cada recuerdo, cada álbum y cada compás. Quiero decirle que mi edad de oro es cuando le abrazo y huelo su colonia. Cuando me pincha su barba y se recorta las patillas. Mi edad de oro es cuando me siento capaz, fuerte y preparada, porque él me empuja hacia delante. Mi edad de oro es mi padre. Gracias Loquillo por mostrármelo, no sé si sin tu música me hubiera dado cuenta. Quiero pensar que sí, pero sin duda tú has puesto la banda sonora a una noche de concierto estival con amigos, a la imagen de mi padre al volante, pero, sobre todo, al sentimiento de admiración que no huye nunca y que siempre tendré hacia él.

Celia Martín

6 thoughts on “«La corresponsal universitaria»
Loquillo y trogloditas – Feo, fuerte y formal – 2001

  1. Preciosa crónica Celia. Me encanta la manera en que lo has contado, todo, desde las canciones a tus sentimientos. Me ha gustado siempre Loquillo y me encanta que sea referente para que sientas y escribas como lo haces sobre tu padre. Olé corresponsal universitaria. No me extraña que él esté orgulloso de tí

  2. Celia alucinante tu crónica, enhorabuena!!
    Loquillo me encanta y espero que siga deleitándonos con su música mucho tiempo más.
    Y por último, espero que tu padre lea lo que has escrito acerca de el, no se lo puede perder!!!!
    No va a tener más remedio que emocionarse, ya te lo digo yo!!!

  3. Enhorabuena, has conseguido emocionarnos por lo entrañable de esos sentimientos hacia tu padre, un buen tipo seguro. Pero también recordarnos que la vida sin pasión no merece la pena. Viva el Loco!

  4. Celia qué decir??? Ya te lo han dicho todo. Me ha encantado. Gracias por este ratito de lectura tan especial. Enhorabuena por tu crónica.

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