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Música e historias de vinilos

«La corresponsal universitaria»
Love of Lesbian – 1999 – 2009

GRUPO: Love of Lesbian
TÍTULO DEL ÁLBUM: 1999
AÑO: 2009
FOTOGRAFÍA: Lyona Ivanova

Después de que un artista al que admiro publique un nuevo trabajo, me gusta ir a sus antiguos temas para repasar mis favoritos. Así, pueden ocurrir dos cosas. En el caso de que la música más reciente no me haya gustado demasiado, puedo consolarme pensando que lo de antes sigue estando ahí, que ese estilo -para algunos trasnochado- no se va ni se borra. Sin embargo, si saboreo la nueva música y me gusta lo que estoy catando, entro en bucle con ese artista o grupo de nuevo, que vuelve a mi día a día (si es que no lo estaba ya). Les confieso algo: me gustan las reglas, los ejemplos que se cumplen, las cosas que funcionan. Y este método me sirve y me agrada. Sin embargo, y esto me gusta menos, con Love of Lesbian la letra siempre se sale de la pauta. Con los catalanes más indies, a parte de que nunca me descontentan sus trabajos más frescos, es imposible para mí volver atrás. No puedo regresar a su álbum 1999 (o cómo generar incendios de nieve con una lupa enfocando a la luna) porque vivo constantemente en él. Especialmente, en el tema Allí donde solíamos gritar.

No se dejen distraer por el largo nombre del vinilo. Lo importante está dentro (como siempre). Se trata de una sucesión de 14 canciones que suponen un viaje por las distintas fases de una relación. Pensarán arriba y abajo, bien y mal. Pero no sólo eso. Santi Balmes, la inconfundible voz de Love of Lesbian, habla de rumores, éxtasis, dolor, manías, miradas, apetito y fuerza en una narrativa perfectamente pensada y construida. Es una labor interesante la de buscar qué canción habla de cada uno de estos sentimientos. Ya les dejo deberes para mañana.

Es, sin duda y a mi juicio, uno de los mejores trabajos de la banda. Cruza la raya de toda su carrera y supone el mayor exponente de su música. A nivel descriptivo, estructural y melódico. Vamos, lo que los entendidos en esto (yo no lo soy) llaman obra de arte (coincido con ellos, por tanto y pensándolo mejor, algo tendré de docta en el asunto).

El videoclip de Allí donde solíamos gritar es formidable, a la vez que sencillo (no se dejen engañar por aquellos que dicen que estos adjetivos no pueden ser compatibles, y a las pruebas me remito). La portada es una extensión de las imágenes que nos presentan la historia de dos jóvenes que se aman y entienden. Tanto la cubierta como el vídeo son oscuros y envolventes. Me atrapan cuando pulso play o saco el vinilo de la estantería. Pero lo verdaderamente cautivador es el significado de la canción en sí. No lo voy a explicar yo. Lo va a hacer la boca que entona los versos y la mano que los compuso. Santi Balmes, en una reciente entrevista para elDiario.es, afirma que ha convertido “la canción Allí donde solíamos gritar en el sitio donde solíamos gritar”. El sentimiento de desahogo y descanso es colectivo y por eso el cantante explica que, cuando el grupo publicó el álbum, lo particular se convirtió en universal y lo local en genérico. La canción, que ha supuesto todo un himno de la juventud, funciona como un nexo, que Balmes califica de “milagro”.

El vocalista añade que “es muy bonito que las canciones sean lugares”. Para él, es el Parque Güell, en Barcelona. Qué catarsis más paradójica. Es impecable.

Al escuchar estas palabras, entendí que este tema no tiene fecha de caducidad. Nació para ser imperecedero y acoger diferentes formas según pasa el tiempo. El sitio donde uno se desahoga, se alivia y se recobra, aquel del que habla Love of Lesbian, muta para adaptarse a los problemas y necesidades que surgen en el curso de la vida. No tiene por qué ser un lugar físico, también puede ser una persona, un momento o una obra. Debo confesar que el mío ha cambiado. Antes era mi pueblo. Allí, recobraba el aliento. Allí solía gritar. Ahora, en un contexto pandémico y atrapada en una realidad caótica, son personas. No es tanto un espacio ya para mí, sino mi familia y amigos. En ellos me apoyo, con ellos enloquezco y grito. Mi gente frena la caída y es el sitio a donde voy a gritar. Aun sabiendo que es quizá el mayor acto de intimidad entre amigos, amantes, seguidores o familiares; les invito a que me digan qué lugar es allí donde suelen gritar, o si ha cambiado, o si no tienen, o si todo esto les parece una simpleza. Puede que lo sea, pero sólo les pido que escuchen la larga introducción de la canción, disfruten de los coros iniciales, se maravillen con la soberbia voz de Balmes y atiendan a los dos primeros versos del tema. Con eso me vale.

Celia Martín

2 thoughts on “«La corresponsal universitaria»
Love of Lesbian – 1999 – 2009

  1. Jodeeeer Celia que bien escribes. Me ha gustado muchísimo la crónica. Love of Lesbian es un gran grupo y esa cancion a mi también me encanta. Yo grito cuando estoy muy estresada, salgo al jardín y gritó. Solo hay una cosa que no me ha gustado, ese usted que te aleja de nosotros y la música no tiene edad y los que estamos aquí todos amamos la música, lo que nos hace iguales.

  2. Mi «sitio donde solíamos gritar» era el huerto del abuelo, donde nos juntábamos a jugar en vacaciones primos de varias ramas de la familia. Era posiblemente el único «lugar» de mi infancia donde todo, sin importar momento ni circunstancias, siempre estaba bien. Era una huertita modesta, realmente, pero daba increiblemente de sí para unos críos. De noche, en la oscuridad del campo, era el nido de multitud de monstruos que sólo los niños podíamos ver y que se lanzaban en nuestra persecución si nos atrevíamos a dar unos tímidos pasos en la negrura, haciéndonos huir en manada y… gritando. Gritando de pura euforia por la vida misma, por el puro placer de hacerlo y que resonase en medio de la noche.
    El sitio donde solíamos gritar ya no existe. En algún momento, mientras no mirábamos, el crecimiento de la capital vecina se llevó los naranjos y plantó en su lugar un bloque de apartamentos. Ahora sólo puedo visitarlo en la imaginación, la misma que nos permitía ver a los monstruos.
    Love of Lesbian, por otra parte, siempre fue una banda que particularmente nunca me dijo «ni fu ni fa», pero lo bueno de crónicas tan sentidas como ésta es que te permiten entender por qué para muchos la canción tiene una merecida categoría de himno. Gracias por hacerme reparar en ella 🙂

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