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Música e historias de vinilos

«El corresponsal Indie»
Los Piratas – Fin (De La 2ª Parte) – 2004

GRUPO: Piratas
TÍTULO DEL ÁLBUM: Fin (De La 2ª Parte)
AÑO: 2004

Misca, musca, Mickey Mouse

Despedido, humillado y acalorado por el julio madrileño mascaba mi fracaso. Decidí tomarme unas vacaciones de mí mismo y me fui al pueblo de mi madre en la provincia de Toledo, donde entre las doce y las ocho de la tarde parece que se han dejado abierta la puerta de la forja donde hacen las espadas.

Allí me esperaban un numeroso grupo de amigos y otro, más numeroso aún, de cajas de botellines. Matábamos el tiempo yendo a la piscina o al río, jugando al baloncesto (teníamos un equipo que merece una entrada propia) y bebiendo de forma muy ordenada; cerveza hasta las 10 de la noche, cubatas de ahí en adelante.

Uno de esos días entregados a Baco nos atropelló la mañana y se llevó por delante nuestro raciocinio. La novia de mi colega Jesús estaba en Galicia de acampada con unas amigas y me propuso que nos fuéramos para allá. Como no tengo personalidad, le dije que sí y nos fuimos de empalmada al norte, parando para coger una tienda y unos sacos de su casa en Leganés.

Jesús siempre ha fantasmeado bastante de sus coches e incluso les ponía nombre, aunque objetivamente fuera un milagro mecánico que alguno funcionara. Nos llevó hasta Bayona la Máquina Infernal, un Simca 1200 de color indefinido en el que viajábamos con las ventanillas abiertas porque en verano se calentaba, y, para no quedarnos tirados, íbamos con la calefacción a tope. Cualquier pequeño desplazamiento se convertía en una sauna turca sin masaje ni final feliz, imaginaos uno de 800 kilómetros, acabamos como el protagonista del Expreso de Medianoche.

Se nos hizo de noche mientras entrábamos en Galicia, una espesa niebla cayó sobre nosotros y sobre los candiles que tenía el Simca por faros. La falta de sueño y de visibilidad nos empezó a pasar factura y nos obsesionamos con que la Santa Compaña iba a por nosotros y a por el coche, los muertos no tienen criterio.

A partir de entonces, tuvimos cuidado de aparcar la Máquina al lado de un cruceiro o trazar un círculo alrededor del coche para evitar que las almas en pena nos dejaran sin tan penoso medio de transporte.

A eso de las tres de la madrugada estábamos entrando en Bayona. Lo único que sabíamos es que las chicas estaban en un camping, no parecía el mejor momento para ir preguntando y en esa época los móviles no eran una opción si no eras narco colombiano o broker en Wall Street, nuestras carreras profesionales aún no habían despegado en uno u otro sentido, así que, atravesamos el pueblo y nos echamos a dormir en un saliente de la carretera.

Por la mañana empezamos la búsqueda. Poniéndonos en lo mejor, comenzamos por la crème de la crème de los campings de la zona (uno de cinco estrellas) y fuimos bajando de categoría según avanzaba el día y no dábamos con ellas. En el último que teníamos en nuestra lista finalmente nos dieron referencias. El cámping era poco más que un terreno baldío, del que hasta las vacas parecían haberse aburrido, con instalaciones propias de un campo de reeducación chino.

Las chicas se habían ido esa mañana de excursión a Santiago, así que, esperamos para darles una sorpresa.

Cuando por fin aparecieron, no me pareció que la ilusión iluminara sus rostros, pero no soy bueno en la interpretación del lenguaje corporal, un “vosotros qué coño estáis haciendo aquí”, me sacó de dudas. Para no tener que volver en dirección Toledo, no nos dimos por enterados de la frialdad de la acogida, plantamos la tienda de campaña donde iba a dormir y Jesús me dió uno de los sacos que había cogido de su casa. Contraté con la dueña del cámping el pack premium que incluía parcela, derecho a uso de baño y agua fría. En el pack básico había que hacer pis en el mar.

En los días que llevaban allí habían hecho amistad con un grupo de vigueses que tenían Bayona como centro de veraneo. Los recién llegados nos sentíamos un poco intrusos, pero eso se arregló en cuanto encontramos un punto en común y ese punto en común fue la música.

Uno de ellos, Fernando, tocaba la guitarra en un grupo que se había formado ese mismo año, el grupo se llamaba Los Piratas, desconocidos en ese momento excepto para un pequeño grupo de seguidores de su ciudad; Fernando no fue testigo del éxito posterior porque al terminar el verano se fue a estudiar a Estados Unidos.

Los Piratas fueron un gran grupo, en la difusa línea entre el mainstream y la música más alternativa, fueron exitosos sin llegar a ser superventas y dejaron un buen número de grandes canciones (Años ochenta, Promesas que no valen nada, El equilibrio es imposible). Quizás la mejor forma de repasar su carrera es, irónicamente, su disco de despedida, un directo que anunciaba el final de la banda, Fin de la 2ª parte.

Volviendo a Galicia. Una vez instalados, nos juntamos con el grupo de gallegos y nos fuimos a tomar copas, la conversación se fue animando con la ingesta de alcohol y al comprobar que compartíamos gustos musicales. Uno tras otro mis vecinos de parcela fueron desfilando en dirección al cámping, hasta que me quedé solo. Estos celtas tenían un aguante que no era normal, así que, decidí retirarme también. Salí del garito y mágicamente aparecí en el cámping, aún hoy no me explico como llegué allí sin perderme, pero lo hice, regalando con mi llegada el típico estruendo de tropiezos con los vientos de la tienda, caída de monedas y un sonoro hipo. Cogí el saco que me habían dejado e intenté meterme dentro. Algo no funcionaba, no conseguía que el saco subiera por encima del nivel de mis muslos, era como si mis pies se hubieran quedado atascados. Estuve largos minutos intentando acomodarme dentro pero no hubo manera, lo achacaba a mi torpeza aderezada con un exceso de whisky en la cocacola, al final el agotamiento me venció y me dormí.

Me desperté congelado, acostumbrado al verano toledano no me había puesto camiseta para dormir y fuera estaba lloviendo. Hice otra tanda de intentos infructuosos de meterme dentro del saco, seguía quedándose dos palmos por encima de las rodillas, me volví a rendir.

Ya por la mañana, me despertó un grupo de gaiteros que activaron una resaca olímpica, la cabeza me iba a estallar y tenía un resfriado terrible. Me puse las gafas y miré hacia mis pies, alrededor de mis piernas había un saco decorado con imágenes de Mickey Mouse; Mickey Mouse vestido de mago, Mickey Mouse paseando a Pluto, Mickey Mouse policía, Mickey Mouse médico, Mickey y Goofy se van de marcha, Mickey Mouse y su puta madre…

Mi amigo me había colocado el saco de dormir de su hermano de 8 años, lógico que no me llegara a la cintura. Hay que tener el corazón muy negro para atacar a un indie con merchandising de Disney.

Gustavo Sánchez «El Indie»

6 thoughts on “«El corresponsal Indie»
Los Piratas – Fin (De La 2ª Parte) – 2004

  1. El indie como siempre hace que me desmelene, buenisimoooooo!!
    Que la música une? Está claro, gracias a ella en el camping se hermanaron los recién llegados con los ya se habían hecho fuertes allí.
    Uno de los piratas fue el artífice de dicho hecho. Lástima que este grupo no siga deleitándonos con sus canciones.
    Y desde luego tengo que decir al corresponsal indie, que espero que desde ese momento camping no haya vuelto a mirar a la cara a su amigo Jesús. Cualquier cosa hubiese sido mejor que la historia del saco, pequeño a la par qué inundado de personajes del que dicen que anda congelado!!
    Enhorabuena indie eres un crack!!

  2. Indie tu crónica desternillante, como siempre. Me parece francamente difícil hacer reír y lo haces crónica tras crónica. Una maravilla entrar en la web. Gracias por estos momentos.

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