VinylRoute

Música e historias de vinilos

«Salvajemente solo»
Something wild BSO – 1986

GRUPO: Varios
TÍTULO DEL ÁLBUM: Something wild
AÑO: 1986

Una de las películas que más me gustó en su momento. Algo salvaje empezaba como comedia, pero se iba enturbiando y terminaba en drama. Yo, desde su inicio, veía desolación y una profunda tristeza compartida…

Se han compuesto canciones, se han escrito poemas, novelas, ensayos… Seguramente hasta alguna enciclopedia sobre la soledad y no creo que yo sea capaz de aportar algo nuevo. O sí.

Hubo un tiempo que me dio por fotografiar pintadas que llamasen mi atención por algo. De alguna manera, me intrigaba saber qué pensaban los que, armados con sprays de pintura, salían bien entrada la noche a buscar paredes en las que dejar su impronta, en forma de estupidez, locura o lucidez. Y yo las coleccionaba. Puede que, remotamente, pensara en reunirlas en algún tipo de libro o artículo, pero no tenía nada definido; simplemente, las veía y si llamaban mi atención, las atrapaba con la cámara de mi móvil. Muchas eran dignas de fotografiar por el mero hecho de demostrar, cuando hablara con alguien, que no me estaba inventando tamaño estrambote. Unas pocas se quedaron grabadas en mi memoria y ahí permanecen. Unas, porque parecían bromas, pero por eso mismo me costaba concebir que alguien se tomara tanta molestias para escribir “El fascismo es alegría”, “Tenemos que organizarnos”, firmado por un grupo ácrata, o “La talla 38 me aprieta el chocho”, en la fachada de una boutique femenina. Otras estaban cargadas de vacua pretenciosidad como “Nos faltan pocos para ser muchos” o “Vamos despacio, pero llegaremos lejos”. Y otras como “Los perros son ángeles”, captada en uno de los últimos reductos hippies del país, eran, simplemente, incomprensibles.

La última que recuerdo, y la recuerdo porque realmente fue la última, pues sin darme cuenta, tras fotografiar esa pintada, deje de coleccionarlas, fue una que ponía: “Estoy solo”. “Estoy solo”, sin firma o sin grafiti que identificara la autoría, sin un tipo de letra que le otorgara personalidad. Y me imaginé al tipo –nunca se me pasó por la cabeza que pudiera ser una tipa- con su spray en la mano, una pequeña mochila a la espalda y la capucha de una sudadera cubriéndole la cabeza, dando forma a cada letra. Me imaginé al tipo solo, por supuesto, con su soledad encapsulada en su pequeña mochila y su tristeza abrigada por la capucha.

En ningún momento me dio por pensar que era una pintada absurda, como tantas, grandilocuente, como tantísimas, o hasta inacabada; el punto final, en cierta medida, cercenaba esta posibilidad. Para mi no había duda: el grafitero, poeta callejero, artista urbano o –¡a qué engañarnos!- ensucia paredes escribió lo que quería escribir.

Con esa pintada, ya he dicho, se acabó mi extraña afición. Es más, si antes las veía aunque creía que no me fijaba en ellas, después de esa, del mismo modo, dejé de verlas. La molestia que se tomó un tipo para estampar ese grito mudo en la pared caló en mí, pero no fue hasta mucho después que cobré conciencia de hasta qué punto.

Pensar en esa pintada, ahora, me produce escalofríos. Me temo que por pura afinidad espiritual. Ahora pienso que podría haber tratado de contactar con él, responder a su llamada de socorro aunque fuera con otra pintada tipo: “Hay más como tú” o “Te comprendo”, “Te escucho” o… qué sé yo. Sea como fuere, él fue más valiente que la mayoría, se armó con un spray, una mochila –no puedo imaginármelo sin mochila- y proclamó a los cuatro vientos lo que tantos saben y ocultan, lo que tantos y tantas sienten y disimulan. Una verdad implacable y vergonzante para la mayoría, pero, a fin de cuentas, una verdad absoluta. Tan absoluta como que cuando nos levantamos de una reunión y decimos que vamos al baño, en el mejor de los casos, vamos a hacer pis, en el peor, caca. Todos lo saben, pero hacen como que solo vas a un sitio con un nombre tan eufemístico como baño cuando muchas veces ni siquiera hay tal baño, ni siquiera ducha, en la dichosa habitación.

Pues tan cierto como que todos hacemos caca, es que todos estamos solos.

Estoy casi convencido de que los que han escrito y escriben sobre la soledad lo hacen con intención de exorcizarla. Un cantante, un poeta, un novelista escribiendo por, para y a la soledad es un imán para las almas solitarias más propensas a sentir que no lo están durante un cuarto de hora con el autor/espejo de tan profundos, sesudos y sensibles soliloquios, rimados o no. Pero me temo que esos cuartos de hora son como aspirinas infantiles para la migraña crónica. Es más, estoy seguro de que tienen efecto rebote.

En las ocasiones que sin cantar, declamar o escribir sobre la soledad he tenido oportunidad de ocupar un cuarto de hora con otra alma, solitaria a sabiendas o solitaria encubierta, el pos, la resaca, ha sido dura, dolorosa y en lo que a soledad se refiere: imperial, homérica; aunque no sé cuál de las dos adjetivaciones es más superlativa.

4 thoughts on “«Salvajemente solo»
Something wild BSO – 1986

  1. Preciosísima la crónica, pero a pesar de algún pequeño «gag»que me ha hecho sonreír, que triste. Tan triste como esa soledad de la que habla. Y si, yo también me imagino a los grafiteros con mochila a la espalda. Un aplauso solitario.

  2. La crónica dura y un poco triste, es verdad que ha tenido algún momento chisposo y eso ha estado guay.
    Algunas de las pintadas tienen bastante enjundia, vive Dios!!!
    Bien es verdad que la última da mucho que pensar, estaría bien que la soledad siempre fuese elegida, pero no todo es tan lírico….
    Enhorabuena vinylroute!!!

  3. De lo triste y malo siempre puede salir algo bueno. Aprovechando que en la BSO los Fine Young Cannibals versionean el «Ever Fallen in Love (With Someone You Shouldn’t’ve)» me he puesto a oir a los Buzzcocks y ahora mi tarde es un poquito mejor 🙂

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