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Música e historias de vinilos

“Recuerdos de Siddharta”
Los Nikis – Marines a pleno sol – 1986

GRUPO: Los Nikis
TÍTULO DEL ALBUM: Marines a pleno sol
AÑO: 1986
ILUSTRACIÓN DE PORTADA: David Pérez Medina

Siempre he sido un hombre de bar. Desde que tengo uso de razón, mi padre me llevaba al bar donde se ponía tibio de beber y de fumar con sus amigos. Recuerdo las baladronadas de sus colegas, las bromas que me hacían para que probara el vino o la cerveza y para que le diera alguna chupada a sus Celtas Cortos. Recuerdo también a la camarera, rubia de bote malo, con unos pechos inabarcables que para “defenderme” de esas malas influencias me cogía, me abrazaba y sepultaba entre sus rotundos senos hasta que casi perdía el conocimiento por asfixia. Olía a una pavorosa mezcla de sudor, fritanga y jabón Lagarto.

Poco a poco, fui creciendo y a los nueve años recuerdo beberme los restos de la copas de la pandilla de mi padre, apurar hasta que me quemaba los dedos sus cigarros y tocarle el culo a la camarera cuando quedaba a mano.

Soy un hombre de bar y cuando me tocó salir con mis amigos, casi siempre nos decidíamos por un garito al uso, en el que uno se pudiera acodar en la barra y juguetear con el pie con las cabezas de gambas medio sepultadas en el serrín que cubría el suelo.

Al llegar la hora de buscar chicas, no cambiamos demasiado los hábitos. Simplemente, localizamos bares a los que iban personas del sexo opuesto. Y los encontramos. La Chocita Sueca, la cervecería del Palafox o el Riu Rau se convirtieron en nuestras sedes casi permanentes. Allí, tras la preceptiva ingesta de espirituosos de todo tipo, conocíamos, con mayor o menor fortuna, a las culpables de que nos duchásemos, nos laváramos los dientes y nos vistiésemos con ropa, más o menos, aparente.

No obstante, de vez en cuando variábamos de cotos de caza y pesca y terminábamos en alguna discoteca de moda, cosa que yo, particularmente, detestaba. Pero si detestaba una hasta la médula, era una que estaba situada en una perpendicular a la madrileña y pija calle Serrano de Madrid. Su nombre, grandilocuente a más no poder, era Siddharta. Siempre me negaba a ir, pero la democracia en mi pandilla estaba muy arraigada y si la mayoría decidía ir, pues se iba y punto.

Por su ubicación pueden imaginar la clase de público que acudía: pijo no ¡lo siguiente! No tango nada contra los pijos (ahora “cayetanos”), tampoco contra los macarras, pero tanto unos como otros, me gustan en pequeñas dosis y no en rebaños. Me gusta la mezcla, el mestizaje, por decirlo de alguna manera, pero en Siddharta solo la frecuentaba un tipo de gente. Yo me considero más o menos normal: no desentono en un bareto de pijos, pero también puedo tener mi hueco en uno de macarras. Pero a lo que íbamos…

Hete aquí que una de las pocas cosas buenas de Siddharta es que reservaban un buen hueco para la música española. Sonaba de todo. Desde los Siniestro a Los Limones, pasando por Los Secretos, Pistones, Mecano o Alaska. Lo malo es que sucedía una cosa extraña cuando ponían a Los Nikis, sobre todo, cuando ponían la canción más demandada por los presentes: El imperio contraataca… Los y las habituales del local se ponían a botar como locos y locas. Hasta ahí, bien. El problema es que lo hacían brazo en alto. Ojo, que con la política me pasa lo mismo que con las personas: soporto tanto a los de derechas como a los de izquierdas siempre que no vayan en rebaño. Y en eso se convertían en Siddharta: en un auténtico rebaño que querían ver en la ingeniosa, irónica y divertida canción de Los Nikis un himno patriotero que vanagloriaba los gloriosos tiempos imperiales.

Los muy estúpidos de Siddharta disfrutaban el tema como si se lo tomaran en serio, como si Joaquín Rodríguez, su compositor, mas que un divertimento hubiera creado una sinfonía nacionalista.

Nada más lejos de la realidad. Sea como fuere, y dicho esto, me voy al bar con mis airpods mientras oigo Marines a pleno sol. E iré botando, pero con los brazos pegados al cuerpo.

2 thoughts on ““Recuerdos de Siddharta”
Los Nikis – Marines a pleno sol – 1986

  1. Cronista has dejado claro que no te gusta nada lo que no entra dentro de la normalidad.
    Lástima me ha dado de los vicios adquiridos ante tan temprana edad.
    Siddharta? Creo que no he danzado en esa discoteca, aunque lo haya hecho en muchas otras al son de Los Nikis, entre otros.
    Está banda me da mucha marcha y por supuesto es fácil botar con ellos.
    Cronista con respecto a los vicios espero que los hayas abandonado, centrándote en lo que viene siendo la escritura que se te da muy bien y es mucho mejor!!!

  2. Cuando estaba en la universidad las novias adolescentes de mis amigos me preguntaban con curiosidad cómo podía ser un fan de los Nikis, esa banda de «pijos y fachorras». Me tocaba dar la explicación erudita: No, los Nikis son una banda deliciosa cuyos conciertos siguen un ritual inamovible. Comienzan siempre con el clásico «La puerta verde», que, como otras de su repertorio, heredaron a través de la versión de los Cramps. Y siempre terminan con un apoteósico «Algete arde» que, lo adivinaste, era una salvaje y desvergonzada adaptación local del «London’s Burning» del primer LP de los Clash. Entre medias tenían la osadía de convertir a Sheena, la punk-rocker de los Ramones en «Rosa, la punkosa» y, bueno, como se puede decir de los Siniestro Total, «por sus versiones les conoceréis». Otra cosa era lo que las novias de mis amigos de la uni vieran hacer a sus compañeros de instituto en el Jácara y similares.
    En cualquier caso mi canción «potencialmente malinterpretable por jóvenes nacionalistas poco dados a captar las sutilezas de la ironía» favorita de los Nikis era el «Venganza».
    «Venganza» venía en uno de sus primeros singles o EPs, no recuerdo ya bien. Iba sobre la Armada Invencible y tenía un pelín más de mala baba que la del imperio, pero sobre todo, mucha más marcha. En los conciertos en Rock Ola o la Escuela de Caminos todo el mundo se ponía a bailar pogo como locos, lo que no dejaba mucha opción a levantar brazos quisieras o no.
    Al final mis explicaciones nunca sirvieron de mucho y las novias nunca acabaron de entender cómo podía gustarme la banda. A mí, a día de hoy, el estribillo todavía sigue dándome subidón:

    ¡La Armada Invencible está sumergida!
    ¡Medina Sidonia se quita la vida!
    ¡¡¡Todos, todos, todos, todos, todos, todos quieren
    VEN – GAN – ZAAAA!!! 🙂

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