VinylRoute

Música e historias de vinilos

«El Corresponsal sin Hora»
Janis Joplin – Pearl – 1971

GRUPO: Janis Joplin
TÍTULO DEL ÁLBUM: Pearl
AÑO: 1971

No es la primera vez que hablo de Janis. Algo me dice que tampoco será la última. Hace un tiempo enfrasqué en un artículo lo que fueron aquellos segundos que precedían a su triunfo en Woodstock. El calendario se había quedado quieto en 1969. Un año después su cadáver apareció en el suelo de un hotel mugriento, junto a una cama llena de sábanas sucias, en una joven ciudad de Los Ángeles. En los días previos había grabado un disco que pasaría a la historia. Vengo a hablaros de ese vinilo: una historia de música y destrucción; de excesos y sueños rotos. Así nació Pearl.

Aquel trabajo fue la crónica de una muerte anunciada. Ella nunca había sido feliz. Es probable que su actuación en aquel festival de verano fuera el único momento de su corta vida donde pudo esbozar una sonrisa sincera. Pero ella fue una desgraciada, condenada a una eterna lucha contracorriente por no encajar en ningún sitio. Un viaje constante a través de drogas, sexo y alcohol que chocó con la curva de la heroína. Y como ocurre con todas las leyendas, el reconocimiento que merecía no llegó hasta que murió. Póstumo.

Pearl fue su segundo y último álbum de estudio. Salió a la venta en enero de 1971, tres meses después de su muerte. En él se incluyen diez canciones: cinco en el lado A, y otras cinco en la B. Canta al amor y, casi sin quererlo, a las drogas. Las historias que encierra este vinilo, reflejo de su propia vida, despiertan una sensación de empatía única. Como cuando a un niño se le cae un helado en mitad de la calle y arranca a llorar. Dan ganas de abrazar a Janis porque algo le ha arañado el corazón.

No voy a entrar a valorar musicalmente este álbum. Carezco del suficiente conocimiento de acordes y pentagramas para hacerlo. Aun así, me permito decir que es una obra maestra porque tiene esa virtud que pocas piezas pueden llegar a alcanzar: la sinceridad. Janis no miente, es completamente transparente. A través de sus letras es posible ver el mosaico resquebrajado en el que se ha convertido su vida. Y es su voz, esa voz rasgada capaz de mentirte en el contenido y decirte la verdad al mismo tiempo, la que permite sentir todo lo que ella canta. Te dice “Qué bonito es el amor”, en una prueba de autoconvencimiento que a nadie engaña. Y ella lo sabía.

La primera canción de la cara A es More Over, un tema potente y frenético que da inicio al disco con un golpe de autoridad; es una especie de puñetazo musical. Después, se encuentra Cry Baby. La versión que hace Janis de esta obra -la original pertenece a Garnet Mimms y The Enchanters- es una insignia del blues que va en crescendo hasta romper con las dos palabras que le dan título.

A Woman Left Lonely es ella. Es fácil reconocer a la cantante en la letra de la canción: “Bueno, las fiebres de la noche queman a una mujer no amada / Sí, esas llamas al rojo vivo intentan apartar el viejo amor”. Poco a poco, casi sin pretenderlo, Janis va trazando la línea de su vida en esta serie de canciones. Half Moon y Buried Alive In The Blues cierran la primera cara del vinilo.

La parte B empieza con My Baby, y acto seguido se presenta aquella canción que, 51 años después de su muerte, se ha erigido como la más representativa de su corta trayectoria: Me and Bobby McGee. En realidad, este tema fue compuesto por Kris Kristofferson, pero, de nuevo, la versión que hizo Janis irrumpió con más fuerza que la original.

Es importante detenerse aquí. La letra de esta última canción cuenta la historia de un romance atemporal. Una chica y un tal Bobby McGee: dos jóvenes con más amor en la mirada que dinero en el bolsillo. Durante un tiempo jugaron a recorrer el país dentro de un coche viejo, la chapa oxidada y el parabrisas propinando un golpe al cristal con cada bache. No tenían una ruta fija, solo una carretera diferente cada vez que arrancaban el motor. Ambos cantaban canciones de blues, y a ella eso le hacía sentirse viva. Un día, cerca de Salinas, “lo dejó escapar”. Entonces se acabaron las noches de sexo en Kentucky y el sol de Baja California; la joven se ahogaría en el recuerdo de aquellas tardes de música y asfalto. Jamás volvió a ser la misma chica que salió de Luisiana. Ese “quiero y no puedo” tan alegre como desgarrador es Janis Joplin.

Mercedes Benz es la siguiente canción del disco. Está grabada a cappella. La voz rota de Janis reflexiona sobre si lo material es realmente aquello que nos hace felices. Cuentan las crónicas musicales de chupito y tres cuartos de Jack Daniels que este tema fue escrito en un bar de Nueva York. Se trata de la última canción que grabó. Fue el día antes de la sobredosis, y cierra con un espeluznante y risueño “that’s it” (esto es todo). Trust me y Get It While You Can cierran este epitafio musical que el tiempo catalogó póstumamente como historia de los vinilos. Así de fatídico es el maravilloso club de los 27.

Como he dicho antes, no era la primera vez que escribía sobre ella. Me gustaría cerrar esta crónica con las palabras que le dediqué en mi primer artículo. Por tanto, si no hay inconveniente, me cito a mí mismo:

“Janis fue incinerada y sus cenizas se esparcieron por el Océano Pacífico. Allí quedará para siempre, a la deriva, una pieza de su corazón roto. La espuma de las olas tapará, más allá de donde alcanza el horizonte, el alma de una flor suicida. La chica que fue enterrada viva por el blues”.

Espero que te vuelvas a -casi- pasar la parada de tren leyendo sobre Janis.

Sergio Murillo

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *