“El Corresponsal Espectador Anónimo”
Crónica del concierto de 091
GRUPO: 091
UBICACIÓN: La Riviera
FECHA: 14 de febrero de 2026

“THE ONLY BAND THAT MATTERS”
14 de febrero, día de San Valentín para la Iglesia Católica, día de los enamorados para los centros comerciales y plataformas de venta por internet. Dado que mi pareja y yo siempre hemos evitado entrar en ese juego, aproveché para “celebrarlo” con la banda de rock de la que llevo colgado unos cuarenta años (aproximadamente).
“La única banda que importa”; esta frase, acuñada en su día para referirse a The Clash, quizá suene excesiva para referirse a estos humildes granadinos que jamás han levantado la voz para reivindicar su brutal trayectoria, pero, si se escucha su discografía con atención y/o se vive uno de sus conciertos, igual no les queda tan grande. Tampoco es casual que Joe Strummer produjese el segundo disco de la banda, “Más de Cien Lobos”, allá por 1985-86, convirtiéndose, quizás, en el único grupo en el mundo que corriera tal suerte.
Y por fin, una presentación en Madrid en una sala de aforo medio y con el cartel de sold out colgado desde unos días antes. Supongo que la expectativa creada con la reciente publicación de su excelente nuevo disco, “Espejismo nº9” (sin duda uno de sus mejores trabajos), bajo los auspicios de Universal, con la consiguiente repercusión mediática (acostumbrados a pasar de puntillas), influyó en alguna medida a alimentar las ganas de disfrutar de la banda en directo. Celebrar el concierto bajo el paraguas de Inverfest, seguramente, también jugó a favor de completar el aforo.
Poco antes de las 21:00 comenzó a sonar por megafonía la b.s.o. de la película de 1968 “C`era una volta il West” (“Hasta que llegó su hora” en España) dirigida por Sergio Leone, compuesta por el genial Ennio Morricone, introducción perfecta para el vendaval de rock que se viene encima. Discretamente, casi a oscuras, los cinco músicos se fueron posicionado en el sobrio escenario. En esta nueva gira, estrenada precisamente este día, el tema “2.000 Locos” fue el elegido para abrir fuego, y de paso, comprobar que la Gibson SG de Lapido estaba en perfecto estado de revista. Tras el abandono de Víctor Gª Lapido (su hermano), la segunda guitarra corre a cargo de otro Víctor, en este caso Sánchez, guitarrista habitual de las giras de J.I. Lapido en solitario, así que todo queda en “familia”. Los habituales Tacho González y Jacinto Ríos marcando con precisión el latido de la banda a la batería y el bajo respectivamente, completan la formación junto a un José Antonio García cuya voz, como los buenos vinos, mejora con los años. Aunque Raul Bernal ha ejercido como productor en este nuevo disco, no hubo ni rastro ni de él ni de sus teclados, embarcado como está en la gira de Quique González… ciertamente, tampoco se le echó de menos. La habitual contundencia de la banda se vio reforzada con el buen sonido de la sala (desde que renovaron equipos en 2024 se ha convertido en uno de los mejores recintos para la música en directo).
Quien llegase de nuevas, que no esperase un frontman saltando y correteando por el escenario, ni guitarristas haciendo posturitas, son simple y llanamente cinco tipos dispuestos a hacer su trabajo, y, vive Dios, que lo hacen de manera impecable e implacable. Para transmitir energía desde el escenario solo hacen falta buenas canciones y buenos músicos, y de todo esto, los 091 están más que sobrados.
Los nuevos temas de su reciente álbum encajan como un guante con el resto del repertorio; hasta seis de estos nuevos temas fueron presentados por primera vez en directo, y, a pesar de llevar solo unas semanas publicados, el personal los coreaba con la misma pasión que los clásicos de siempre.
Como suele ser habitual en las giras de los granadinos, la composición del setlist varía ligeramente de una a otra, recuperando algún que otro tema del olvido. En esta ocasión, de sus tres primeros discos solo rescataron la imprescindible “La Torre de la Vela” (si no la tocan, entro en el camerino y me oyen), centrándose en su etapa comprendida entre los años 1991 y 1995. Extrañamente, también obviaron los temas de “La Otra Vida”, disco que supuso su regreso a los estudios de grabación en 2019, a excepción de “Leerme el Pensamiento”.
Tras apabullar al personal durante noventa minutos del tirón, con brevísimas alocuciones por parte de Lapido y de José Antonio Gª (son hombres de pocas palabras en el escenario, lo cual se agradece), cerraron el primer set por todo lo alto con “La Calle del Viento”. Apenas unos minutos de descanso, y los dos músicos mencionados regresaron a las tablas acompañados únicamente por una armónica y una guitarra acústica para acometer la existencialista “La Canción del Espantapájaros”. El himno “Este es Nuestro Tiempo” y “Huellas” sirvieron de segundo cierre, dejando a los presentes con la adrenalina por todo lo alto, y, de alguna manera, con la mosca detrás de la oreja.
En efecto, no podían marcharse sin tocar ni un solo tema del que, para muchos, es su obra maestra, “Doce Canciones Sin Piedad” (1989). La maravillosa “Esta Noche” y la anfetamínica “Qué Fue del Siglo XX”, cubrieron la cuota. Es curioso cómo muchas de las estrofas contenidas en esa canción siguen de plena actualidad, para bien y para mal.
El final, inevitable, y esperado, llegó con “La Vida Que Mala Es”, esa genial mezcla de copla y Bo Didley que lleva décadas poniendo el broche final a los conciertos de la banda granadina.
Tras dos horas (que se hicieron cortas), un repertorio de luxe que ya quisieran el 90% de los grupos y solistas españoles (y muchísimos de los extranjeros), y unos músicos que, aun teniendo una larga trayectoria a sus espaldas, rebosan profesionalidad a raudales, siempre me hago la misma pregunta: ¿Cómo es posible que en Madrid no revienten un Arena con 15.000 personas?
Sus fieles seguidores seguiremos intentando desentrañar el misterio…
Luis Guilló
Corresponsal Espectador Anónimo… más de cuatro décadas viendo, escuchando y sobre todo, disfrutando de la música.
