“Vino, Sabino y un museo en mitad de la Maragatería”
Fundación Club 45 – Santa Colomba de Somoza
LUGAR: Fundación Club 45
TÍTULO DEL ALBUM: Santa Colomba de Somoza
AÑO: 2026

Ocho botellas de vino para una cena de viernes pueden parecer excesivas, pero conviene conocer las circunstancias antes de emitir un juicio. Éramos un grupo de amigos de VinylRoute que habíamos decidido pasar el fin de semana en una casa rural de la Maragatería leonesa, con el propósito de visitar la Fundación Club 45, obra de nuestro amigo Álex Cooper. Como la expedición tenía carácter cultural, nos pareció oportuno llevar provisiones. El vino, en una reunión de esta naturaleza, cumple una función parecida a la del secretario en los consejos de administración, toma parte en todas las decisiones, aunque nadie sepa muy bien cuáles son sus competencias.
El destino era Santa Colomba de Somoza, un hermoso pueblo de León donde Álex ha tenido la feliz ocurrencia de instalar un museo dedicado a la cultura pop. Conociéndolo, la noticia no resulta sorprendente. Álex lleva buena parte de su vida coleccionando discos, carteles, revistas y toda clase de objetos relacionados con la música de los sesenta. Lo que sí resulta admirable es que, en lugar de acumularlo todo en su casa y acabar discutiendo con los familiares por falta de espacio, haya decidido organizar una fundación para que los demás podamos disfrutarlo.
El viernes, a última hora de la tarde, llegamos a la casa rural con ganas de disfrutar del fin de semana y comenzamos los preparativos de la cena.
Ese mismo día también andaba por Santa Colomba Sabino Méndez, que había acudido para participar al día siguiente en unas jornadas sobre cultura pop organizadas por la fundación. Sabino, por si algún lector ha pasado los últimos cuarenta años encerrado en un convento, fue guitarrista de Loquillo y los Trogloditas, autor de algunas de las canciones más importantes del rock español y es, además, escritor, articulista y hombre de conversación abundante.
No sabemos qué le llevó a tomar la decisión, posiblemente temeraria, de venir a cenar con nosotros. Quizá la amistad, quizá el ambiente, quizá la noticia de que había jamón y vino disponibles. El caso es que Sabino apareció y se incorporó a la mesa como uno más.
La conversación empezó por la música, pasó a la política, regresó a la música y acabó ocupándose de la vida en general. Son asuntos sobre los que Sabino tiene opiniones muy elaboradas y nosotros también, con la diferencia de que las nuestras acostumbran a mejorar notablemente después de la segunda copa.
Sabino es un conversador extraordinario. Tiene cultura, memoria, sentido del humor y una manera de contar las cosas que convierte cualquier anécdota en una historia digna de escucharse. Se puede discrepar de él, nuestro amigo Orestes se encargó de ello con empeño, pero no aburrirse.
Creo recordar que en algún momento de la noche apareció una guitarra y Sabino se puso a tocar. También creo que cantamos con entusiasmo. Posiblemente Sabino llevabara la voz cantante, como correspondía por razones artísticas y de propiedad intelectual, y el resto colaborábamos en la medida de nuestras posibilidades.
Pero faltaban los coros y entonces alguien tuvo la ocurrencia de llamar por teléfono a Mario Gil. Esto sí que lo recuerdo bien. La idea de recurrir a Mario para que hiciera los coros desde la distancia nos pareció magnífica. A esas alturas de la noche casi todas las ideas nos lo parecían. A Mario no le pareció tan buena.
A la mañana siguiente tocaba ponerse serios. Habíamos ido hasta allí para conocer la Fundación Club 45 y probar el cocido Maragato de Casa Pepa y no pensábamos regresar a Madrid sin cumplir nuestro cometido.
Y aquí debemos abandonar por un momento los desórdenes de la noche anterior para hablar de algo que merece verdaderamente la pena.
Lo que Álex Cooper ha conseguido en Santa Colomba de Somoza es una maravilla.
El antiguo líder de Los Flechazos y Cooper ha convertido la antigua Casa de las Maestras en uno de los lugares más interesantes que puede visitar cualquier aficionado a la música pop.
Allí se encuentra el Archivo Gráfico de la Era Pop, una colección extraordinaria de discos, fotografías, revistas, carteles, partituras, libros y objetos originales que permiten recorrer buena parte de la historia musical de los años sesenta.
Y no se trata de cuatro discos colocados en una vitrina y tres fotografías amarillentas con las que justificar una subvención municipal. Aquí hay una colección formidable, reunida con paciencia, conocimiento y una dedicación que solo se explica mediante una pasión desmedida por la música.
Se pueden contemplar piezas relacionadas con el beat británico, la explosión del pop europeo, los grupos españoles de los sesenta y aquella revolución musical que cambió la manera de vestir, de peinarse, de bailar y hasta de comportarse de varias generaciones.
Pero lo más interesante no es la cantidad de objetos expuestos, sino la inteligencia con la que están organizados. Álex no ha montado un almacén de recuerdos para nostálgicos. Ha construido un museo de verdad, con criterio, con un discurso y con un respeto por sus fondos que se agradece desde que se cruza la puerta.
El visitante entiende enseguida que aquellas canciones que parecían limitarse a entretener a una juventud con ganas de divertirse también contaban la historia de una época. Detrás de cada portada había una manera de ver el mundo. Detrás de cada grupo, una pequeña revolución doméstica.
La fundación cuenta además con biblioteca, espacios para exposiciones, conferencias, presentaciones y actuaciones musicales. Una actividad cultural permanente que convierte a Santa Colomba en un destino al que merece la pena volver.
Tiene especial mérito que todo esto se encuentre en un pueblo de la Maragatería. En una época en la que abundan los discursos sobre la despoblación rural, Álex ha optado por algo bastante más complicado que pronunciar discursos: hacer cosas. Y hacerlas bien.
El sábado, Sabino Méndez participó en las jornadas Un mundo en tecnicolor, dedicadas a estudiar la cultura pop desde diferentes perspectivas. El mismo Sabino que la noche anterior había compartido nuestra mesa, nuestro vino y nuestras limitaciones vocales se encontraba ahora hablando de música popular ante un auditorio mucho más respetuoso y, suponemos, mejor descansado.
El domingo le tocaba el turno a Joaquín Rodríguez, bajista de Los Nikis, escritor y otro viejo conocido de VinylRoute, a quien ya habíamos entrevistado con motivo de su novela «Spandex».
Joaquín acudía precisamente a presentar el libro y a participar en “La Discoteca de…”, una de las estupendas iniciativas de la fundación, en la que músicos y otros personajes vinculados al pop comparten con el público sus canciones favoritas.
La presencia de Joaquín aportaba una dimensión especialmente reconfortante al programa. Después de varias conferencias de considerable altura intelectual, siempre se agradece que aparezca alguien de Los Nikis para recordar que el rock también puede consistir en tres acordes, una buena ocurrencia y un estribillo que se queda instalado en la cabeza durante cuarenta años.
Lo extraordinario de la Fundación Club 45 es precisamente esa convivencia. En un mismo fin de semana uno puede asistir a una conferencia de Sabino Méndez, escuchar las historias musicales de un Niki, contemplar auténticas joyas del pop de los sesenta y disfrutar de un pueblo precioso en mitad de la Maragatería sin necesidad de viajar a Londres, Liverpool o Nueva York.
Desde VinylRoute queremos felicitar a Álex Cooper por lo que ha construido. No solo por la colección, que ya sería motivo suficiente, sino por haber conseguido darle vida. Por convertir un proyecto personal en un espacio abierto, atractivo y culturalmente ambicioso. Por demostrar que el pop también tiene memoria y que merece la pena conservarla.
Animamos a todos nuestros lectores a visitar la Fundación Club 45. Organícense un fin de semana, reúnan a unos cuantos amigos, busquen alojamiento por la zona y acérquense a Santa Colomba de Somoza. Paseen por sus calles, disfruten de la gastronomía maragata y dediquen unas horas al museo. No se arrepentirán.
Nosotros regresamos a Madrid encantados con la visita, con el recuerdo de una cena magnífica y con la sensación de haber descubierto uno de esos lugares que uno acaba recomendando a sus amigos hasta resultar pesado.

