VinylRoute

Música e historias de vinilos

David Summers y Miguel Costas, así ocurrió todo
Costas – Costas is back – 2011

GRUPO: Miguel Costas
TÍTULO DEL ÁLBUM:  Costas is back
AÑO: 2011

Ciber anzuelo

Era un día de esos que los “vinylroutes” estábamos más relajados que el fotógrafo del BOE. Pero recibimos una llamada de Miguel Costas.

– ¡Chicos, mañana aterrizo en Barajas y necesito veros!

– Lo que haga falta, Miguel. Lo que haga falta – contestamos al unísono.

– Le he estado dando vueltas y sigo igual… ¡no sé ligar!. Sé que a vosotros se os da bien esto y quiero que me enseñéis.

– Hombre, hemos perdido un poco de práctica, pero, si es necesario, también podemos tirar de asesores.

– Confío en vosotros. Hasta mañana-se despidió un lánguido Costas.

Nos abrimos una cerveza y empezamos a darle vueltas a la encomienda. Vale que su incapacidad le había inspirado una gran canción con Aerolíneas Federales, pero capacitarle para ligar podía dar lugar a un lp completo.

Julio Iglesias está mayor, Brad Pitt está rodando -aporté como primeras ideas.

David, David Summers es la solución-espetó un iluminado gerifalte murciano. Él solo podría montar un outlet de ropa interior femenina -apostilló.

Marcamos su número y someramente le relatamos la situación de Costas.

– Vale, nos vemos en la esquina del Rowland a las siete; esto hay que hacerlo bien, con tiempo suficiente.

Con la confianza que da tenerlo todo atado y bien atado, nos acostamos a las cinco de la madrugada para estar bien descansados al día siguiente. Otra cosa no, pero responsables somos un rato.

A las 13 horas, quedamos en el bar nuestro de cada día para desayunar. Nos conocen y no tenemos ni que hablar. Nos sirvieron nuestros bloody maries y los huevos fritos con chistorra. Un par de carajillos después le mandamos ubicación a Miguel para que se acercara a comer con nosotros e ir diseñando la estrategia del mini máster.

Con el rostro serio, pero un brillo de esperanza en los ojos, apareció el gallego que decidió hacer patria eligiendo el menú: pulpo a su tierra, tres centollos, dos kilos de percebes, tres chuletones de vaca rubia y filloas. Todo, regado con abundante ribeiro excepto las filloas que terminaron flotando en aguardiente de cereza.

Para mostrarle a Miguel la importancia de tener una buena pibagenda optamos por lanzar un mensaje ingenioso a nuestros contactos femeninos y quedar esa misma tarde. El mensaje tipo fue: Hey, cierva, si quieres pasar un buen rato y hacer algo con esas telarañas que te adornan, pásate por el Rowland. Ponte sesi.

Yo sé lo mandé a 18 chorbas y el gerifalte murciano a 21. Alea jacta est (esto es latín).

Tres gin tonics por barba después, cogimos un “uber” y nos encaminamos al Rowland adónde llegamos media hora antes de la cita fijada.

Para esperar a David nos pedimos tres minis de cerveza y salimos a fumar los vegueros que Miguel había traído de Cuba.

Entre chupada y trago fuimos instruyendo a Miguel en el arte del piropo con las parroquianas que por allí pasaban.

¡Vas más apretada que las tuercas de un submarino! -yo.

¡Tienes cara de ser el 9 que le falta a mi 6! -el gerifalte murciano.

¡Bonitas piernas! ¿A qué hora abren? -yo.

¡YA, ya me hago una idea! -nos gritó Miguel mientras nos empujaba para dentro del Rowland.

Enguachinaos de tanta cerveza, pero satisfechos por nuestra espontánea master class, pedimos unos chupitos de bourbon.

A mí me daba la sensación que Miguel había perdido ese brillo de esperanza que traía en su mirada, pero lo achaqué a la iluminación del local.

Con un “¡chata, déjanos aquí la botella” se dirigió el gerifalte murciano a la camarera para seguir dando rienda a nuestro savor faire delante de Miguel.

La camarera en cuestión nos conminó a apagar los puros o a salir del local y nos afeó los escupitajos que lanzábamos al suelo.

¡Sonó un WhatsApp! Nuestra siembra empezaba a dar sus frutos. Era mi tía Eulalia, de 92 años, que no entendía el mensaje que la había enviado. Había hablado con mi tía Anselma, su hermana, de 87, y ninguna sabía que quería decirles. Les mandé el emoticono de flamenca y a otra cosa.

El gerifalte murciano había recibido a su vez, cuatro insultos y 15 bloqueos de WhatsApp. No problem, la noche acababa de empezar.

A las 19:27 en punto, ni un minuto más ni uno menos, entró David en el Rowland. No sé por qué le extrañó que yo fuera con mi clásico batín de seda y el gerifalte murciano llevara la corbata ciñendo su frente.

Miró a Miguel de una manera que no llegamos a entender. Al abrazarse, después de tanto tiempo sin verse, se entretuvieron más de la cuenta; como si se susurrasen algo al oído.

David, se volvió hacia nosotros y nos dijo: preparad las cámaras; vais a ser testigos de un gran mini concierto. Respecto a las chicas, solo he podido hablar con las que me he encontrado al bajar del taxi.

En la puerta nos esperaba un bus turístico descubierto. Setenta chicas en su interior.

En el trayecto (el gerifalte murciano y yo vomitamos varias veces desde la segunda planta), por fin, vimos que nuestra estrategia había tenido éxito. Diez minutos más tarde llegamos y esto fue lo que disfrutamos.

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