«El álbum que pintó Castilla”
Gabinete Caligari – Camino Soria – 1987
GRUPO: Gabinete Caligari
TITULO DEL TEMA: Camino Soria
AÑO: 1987

«El álbum que pintó Castilla con nueve canciones»
Hoy vamos a conocer a la pintora Uca Fuster, así que vamos a hablar de música y pintura. Porque hay discos que funcionan como una postal. Camino Soria, por ejemplo, funciona como un cuadro, cuanto más lo miras, más detalles aparecen en las grietas. Gabinete Caligari lo publicó en 1987 y lo tituló como su canción más reconocible, “Camino Soria”.
Y, ojo, que lo de Soria no es una metáfora gratuita. Jaime Urrutia contó años después que la letra de “Camino Soria” la escribieron entre él y Fernando “Ferni” Presas, en casa de este último, y que el tono del álbum estaba marcado por el desamor: “todas las canciones de ese disco hablan de desamor”, decía, en un momento personal de desengaño.
Ahí está el corazón del disco, romanticismo seco, como la tierra cuando aprieta el frío. Nada de dramatismo de culebrón, aquí la emoción va por dentro, como en esas pinturas donde el personaje no llora… pero tú sabes que ha llorado.
Un disco que empieza en literatura y acaba en paisaje
La primera pista ya te coloca en la sala adecuada: “Pecados más dulces que un zapato de raso” no es solo un título estupendo, es una adaptación de un poema de Eduardo Haro Ibars.
Gabinete abre el álbum diciendo: “esto no va solo de pop, esto va de imaginario”. Como si antes de empezar a pintar el paisaje se aseguraran de que el lienzo tiene textura.
Y cuando llegas al final, “Camino Soria” remata la jugada con una historia que también tiene base real: Urrutia explicó que la inspiración le vino, en parte, de estar leyendo Bécquer (Rimas y Leyendas) y de un reportaje sobre Soria que encontraron en una revista llamada Primera Línea. La ciudad les pareció “romántica” por su vínculo con los poetas; “una ciudad perdida, poética”, y eso fue lo que les empujó a escribirla.
Un detalle chulo del disco es que con la canción ya grabada, viajaron a Soria para hacer fotos en las márgenes del Duero y cuentan que pusieron la cinta en un bar y la gente se quedó a cuadros. Literalmente: “no daban crédito”.
El disco son 9 temas —nueve escenas— y cada uno aporta un color distinto al mismo cuadro.
“Suite nupcial” y “La fuerza de la costumbre” juegan a esa elegancia amarga que solo funciona cuando el grupo está finísimo. Son melodías con traje, pero con la corbata floja.
“Como un pez”, “La sangre de tu tristeza”, “Saravá” y “Rugido de tigre” abren el plano. El disco no se queda en Castilla “postal”, también se permite colores y ritmos que muchos han señalado como influencias o guiños (se han mencionado country, rockabilly, samba o sonidos africanos alrededor del álbum).
Y en medio, una de las piezas con más carga emocional del tracklist: “Tócala, Uli”, que el propio artículo del álbum identifica como homenaje a Ulises Montero, saxofonista fallecido ligado a la banda.
Todo esto hace que Camino Soria sea más que “la canción de Soria”. Es un álbum con narrativa interna que abre con literatura, atraviesa habitaciones con luces bajas y termina saliendo a un paisaje que cura por agotamiento. El cuadro completo y tú vas caminando.
A veces, la gran aportación de un disco es enseñarte a mirar de otra manera. Camino Soria lo hace. Convierte un desamor en geografía, la literatura en carretera y la música en pintura. Y por eso, casi cuarenta años después, sigue funcionando como las obras buenas: no pasan de moda, se quedan.
